PericoHay días como en estos por ejemplo, que cuando hablo de Beto y Nayar no tengo demasiada fe en el ser humano. Pero en otros días, como estos y viendo a Perico y Cheche sobre el terreno del día a día, vuelvo a confiar en el ser humano. Me criaron con principios morales comunes y normalizados. Y cuando veo el compromiso en la sombra de estos dos hombres, vuelvo a confiar en los valores humanos. Y creo, porque detrás de estos hombres hay dos buenas personas. Cuando era niño, madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos…En definitiva, el ser humano era una autoridad desde todas las vertientes, personas dignas de respeto y consideración. Pero no siempre los comportamientos de las personas merecen el respeto como no lo merecen ni Beto ni Nayar.
Desde mi llegada al entorno del club, conocí a Cheche y comprobé su comportamiento. Veía a un hombre que sabia estar en su sitio, y con el paso del tiempo sigue estando en su sitio como una tumba de la que nada sale. Es Cheche, un hombre que cuanto más viejo va siendo más afecto y respeto se gana de cuantos le rodean. En Cheche y Perico es imposible encontrar una respuesta maleducada.
Su trabajo arranca a la siete de la mañana y acaba cuando el Sol cede el cielo a la Luna. No tienen los sueldos de los jugadores, ni están en la radio de manera diaria, ni su foto aparece en la prensa, pero hoy he querido pasar de Beto y Nayar para refugiarme en buenas personas. Hoy el cuerpo me ha pedido enseñar al recreativismo que los hermanos Perico y Cheche también entrenan y juegan cada partido.
En estos tiempos que corren, y cuando los profesores son maltratados en las aulas, los comerciantes amenazados por traficantes, cuando vemos rejas en nuestras ventanas y puertas, cuando vemos a los terroristas gobernando con la ley del miedo, me gusta mostrar a veces la cara positiva de los seres humanos, y en esta ocasión la cara amable de los hermanos Perico y Cheche merecen este editorial. Hombres con valores que no son materiales que se cotizan. Quiero en el ser humano la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos. Quiero que algunos jugadores se miren en Perico y Cheche para conocer la vergüenza y la solidaridad.
Desde mi llegada al entorno del club, conocí a Cheche y comprobé su comportamiento. Veía a un hombre que sabia estar en su sitio, y con el paso del tiempo sigue estando en su sitio como una tumba de la que nada sale. Es Cheche, un hombre que cuanto más viejo va siendo más afecto y respeto se gana de cuantos le rodean. En Cheche y Perico es imposible encontrar una respuesta maleducada.
Su trabajo arranca a la siete de la mañana y acaba cuando el Sol cede el cielo a la Luna. No tienen los sueldos de los jugadores, ni están en la radio de manera diaria, ni su foto aparece en la prensa, pero hoy he querido pasar de Beto y Nayar para refugiarme en buenas personas. Hoy el cuerpo me ha pedido enseñar al recreativismo que los hermanos Perico y Cheche también entrenan y juegan cada partido.
En estos tiempos que corren, y cuando los profesores son maltratados en las aulas, los comerciantes amenazados por traficantes, cuando vemos rejas en nuestras ventanas y puertas, cuando vemos a los terroristas gobernando con la ley del miedo, me gusta mostrar a veces la cara positiva de los seres humanos, y en esta ocasión la cara amable de los hermanos Perico y Cheche merecen este editorial. Hombres con valores que no son materiales que se cotizan. Quiero en el ser humano la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos. Quiero que algunos jugadores se miren en Perico y Cheche para conocer la vergüenza y la solidaridad.
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